domingo, 8 de mayo de 2016



La iglesia de los Santos Justo y Pastor. Curiosidades y maravillas de los templos románicos segovianos. (PARTE II)



VIVERE SI QVERIS QVI MORTIS LEGE TENERIS, HVC SVPLICANDO VENI RENVENS FOMENTA VENENI… ¿Hola?, hola ¿Hay alguien ahí…? ¿Sois vos Magister Muri? ¿Non lo sois…?. Ay, Bernardo, Bernardo, tus añejos oídos te están de nuevo engañando. Mírate, pobre de ti, incluso contigo mesmo andas en pláticas… tantos años de estudios e pergaminos entre aquestas titilantes velas… perturban oídos, mirada e seso. ¿Nadie pues? Hum… seguiré entonces a mis lecturas. A veeer… ¿Dó me hallaba yoo…? Sí, sí aquí. ¡Uy! Non quisiere restar mucho sobre tal vocablo: VENENI, feo es a fe mía. Feo es. Decíamos pues que; FOMENTA VENENI, COR VICIIS MUNDA, PEREAS NE MORTE SECUNDA… Sí. Muy apropiado, muy apropiado para…

¡¿Otra vez?¡ ¿Quién anda con esos ruidos turbando mis labores? ¡Oh! ¡Sois vos! Gentil leedor. Pasad, pasad sin miedo las páginas de aqueste códice, para non pecar de ignorancia cuando se fable de nuestro rico e feraz pasado, del cual, solo podemos sentir gruesa admiración e franco orgullo. Yo os guiaré a través del tiempo, para que sepáis dar mérito, et apreciéis si cabe más, a lo que de por sí, non tiene precio.

Mas primero lo primero. Presentaréme. En la pila me pusieron Bernardo, et en la vida, de Gormaz. Ya veis mis ropajes et atavíos. Sigo la regla de San Benito. Soy por tanto fray Bernardo de Gormaz. Mal está que bien de mi hable, mas contaréos, que llevo ya una luenga vida metido entre estudios, manuscritos, e códices. Bajo aquesta ya cana tonsura, e tras aquestos azulados ojos, albergo gruesos conoscimientos, et innumerables sapiencias teológicas, doctrinarias e filosóficas. Mis superiores cluniacenses, hanme encomendado ser el teólogo redactor del programa iconográfico de la yglesia de los Santos Justo e Pastor, pues lo he çido antes, e con éxito, de otras yglesias. Mas… veo inaudito gesto en vuestra faz, arrugar de morros et entrecejo ¿Non sabéis acaso lo que es un programa iconográfico? Non temáis, non temáis, yo os lo explicaré, pues esa e non otra es mi labor en la tierra: iustificare et annuntiare: explicar e divulgar. Mi humilde misión como siervo de mi orden e del Señor, la de cualesquier teólogo redactor de programas iconográficos, es que se plasmen sobre los albos templos, en piedras e pinturas, las enseñanzas de la Santa Yglesia, ya sean palabra e vida de Nuestro Señor Jesucristo, la de su Santa madre, sus venerados santos o las de los grandes padres e doctores de la Yglesia, que son muchos e muy sabios. También, a menudo, ordenamos poner cosas de la vida diaria de las xentes de los lugares do levantamos los templos. También de los comitentes: reyes, obispos, nobles, ricos mercaderes, xentes poderosas que sufragan buena parte de los gastos de la elevación de la yglesia… ya sabéis, quien paga, manda. Creo que eso es, ha çido e será en cualesquier época o lugar que se more. Los dineros, que debieren ser un medio para procurar mejores vidas, se han tornado en sibilino ingenio de Satán para la perdición de la raza humana. Seguro estoy, de que también en vuestra futura e muy dispar época será así, e tristemente gobernará la regla de oro… quien tiene el oro, pone las reglas… Hallaréis quienes, incluso, que reverencian al dinero e que lo toman por santo, pues obra milagros, mas non lo fagáis vos. Tornemos a lo nuestro, e dexemos lo corrompido.

Bien, mmm, decía yo que… ¡ay, qué sesera tienes Bernardo! ¡Ah sí! ¡El teólogo! ¿E por qué motivo e razón, un teólogo en la construcción et embellecimiento de la casa de Nuestro Señor? Os preguntaréis. Yo os lo revelo, yo os lo revelo: Al contrario de lo que parescer pueda, nada, absolutamente nada está al caprichoso azar dejado en una yglesia románica. ¡Es la casa de Dios! La representación de la Jerusalén Celeste en la tierra. Todo tiene su fin, su explicación e interpretación teológica, catequética o moral. Cada canecillo, cada capitel, cada pintura, el propio templo, servía para algo, quería decir o enseñar algo. Los fieles lo entendían, e si non lo entendían, los sacerdotes se lo razonaban. Para ello eran, e para ello estaban.

Os daré ejemplos, veamos. Cuando entrasteis, hallabame yo leyendo un texto que se encuentra grabado en el pórtico de entrada de la fermosa catedral de Jaca, en el lejano reyno de Aragón. Se trata de un enorme pórtico que, amén de albergar peregrinos que hacia Compostela marchaban, era destinado como castigo para hacer en él penitencia los disolutos e  los pecadores. El texto que yo examinaba rezaba lo siguiente: VIVERE SI QVERIS QVI MORTIS LEGE TENERIS, HVC SVPLICANDO… humm de nuevo contemplo ese extraño mohín en vuestro rostro, cierta… cierta cara de haba ¿Acaso, non sabéis leer en latín? Non zozobréis, non zozobréis. Gustoso e presto os lo explicaré, cual facíamos con las gentes de nuestro tiempo. Ja, ja, ja, ja, veo que algunas cosas poco han cambiado en más de ochocientos años. El texto completo que yo leía quiere decir aquesto:

Si quieres vivir, tú que estás sometido a la ley de la muerte, ven aquí suplicante, renunciando a los alimentos envenenados. Purifica de vicios tu corazón para que non perezcas de una segunda muerte”.

¿Veis a lo que me refiero? Aleccionábamos a los pecadores con lo escrito en el pórtico sin dejarlos, durante unos días entrar en la casa de Dios… con todo lo que ello implicaba de escarnio e befa en nuestro tiempo.

Sigo pues. Nadie o casi nadie de los que en el templo entraban, sabía leer o escribir.

Tratábamos de enseñar a una gruesa multitud de gente humilde e trabajadora, mas ignorante e iletrada, lo que conllevaba una faena extraordinariamente complicada, e cual fizo Nuestro Señor con las parábolas para ser mejor comprendido, nosotros ficimos usando amplia profusión de imágenes en piedra, en pintura, e también grande cantidad de símbolos. En el futuro, en vuestro mundo, cuando contempláis en las yglesias las piedras que mandamos cincelar, non siempre comprendéis lo que ellas dicen, pues aparte de la erosión, non entendéis su simbolismo. Fueron tantos los textos que manejamos, las enseñanzas de tantos sabios en las que nos basamos, que tratar de explicar siglos después, lo que en su día nosotros los teólogos quisimos explicar con una talla, pintura o motivo concreto, puede ser, a veces, tarea harto intrincada.

La propia yglesia non se colocaba en lugar cualesquier, buscabanse siempre lugares bien visibles e preeminentes, como aquesta de San Justo en lo alto de una loma. Las facíamos grandes, e sólidas, destacando su poderosa torre, e su potente figura de piedra sobre el humilde casulario de madera. Solíanse encalar las yglesias de blanco, e non de otro color, non solo para que llamaren más la atención, si no por la propia simbología del tal tinte, pues el blanco representa la pureza, la luz e la perfección.

Contó el emérito cronista cluniacense Rodulfus Glaber (es decir, Rodolfo el Calvo) que “cubrióse Europa un albo manto de yglesias”, de la gran cantidad que dellas, e de tal tinte pintadas, erigimos a mayor gloria de Dios Nuestro Señor. Mas amén del impoluto níveo de la pureza, el templo quedaba decorado en vivos colores, que cubrían bandas, capiteles, canecillos, columnas, arquivoltas e líneas de imposta, con verdes, cobaltos, amarillos, bermejos, naranjas…  El impacto visual de los colores en un mundo sin ellos, en una sólida et enorme estructura que se erguía majestuosa sobre los modestos hogares, era la primera e poderosa imagen que los fieles se llevaban de su yglesia. La vera religión era una idea que había de ser mostrada e demostrada, e cuanto más poderosamente fuere manifestada, más fácilmente permearía en las sencillas mentes, e llanos coraçones de las xentes.

Sabed pues, que las desnudas piedras que roídas por el tiempo hoy contempláis, que os parecen hermosas, e que erróneamente se piensa que a nosotros también nos lo parescían, non son si no el vacío esqueleto del policromado cuerpo, que un día albergaron. Nuestra naciente intención non fue el dejarlas así de lirondas. Siglos de lluvias, de nieves, de tórridas tardes de verano e gélidos yelos de invierno, fueron lenta, mas implacablemente, robando los pigmentos que las cubrían. Lo que más resistía, por ser más barato e fácil de mantener, los encalados, fue lo que a la postre más perduró, mas una moda en el siglo XIX se llevó a golpe de piqueta la mayor parte de los encalados de las yglesias.

Además de lo susodicho, la mesma edificación de la yglesia non estaba al albur dejada, como ya comenté. Los Magister Muri, los maestros de obras con quienes nosotros los teólogos estrechamente trabajábamos, eran hombres muy sabios, expertos e doctos, dotados de excepcionales sapiencias. Al contrario de lo que pensarse pueda, solían ser carpinteros, pues era la tal cofradía la que más conoscimientos sobre estructuras albergaba. Eran el vital apoyo para el resto de hermandades constructoras, e por tanto, de todas ellas sabían. Sin sus artificios, andamiajes, armazones, cimbras e por supuesto, sin sus saberes en construcción de complejas máquinas para mover pesos inhumanos, la construcción se caería, o sería inestable, o se abrirían grietas que acabarían por derrumbarla.

Ya desde su cimentación, construíanse las yglesias con su propio mensaje e simbolismo, basado en aqueste versículo 27 del capítulo XXIV del Evangelio de San Mateo:

“Como el relámpago que sale del oriente e brilla hasta el occidente, así será la Venida del Hijo del hombre”

Nosotros creíamos, fervorosamente, en aquestas palabras. Estábamos convencidos de que la “Parusía”, segunda venida de Nuestro Señor, era próxima, cuestión de días o meses, quizá años, mas que llegaríamos a contemplarla en nuestras vidas. De tal guisa e modo, que levantamos todas nuestras yglesias mirando hacia ese oriente, por do Él vendría. Sabed que es de aquí, de do proviene la palabra orientar.

Si hubiere algún modo, por algún moderno e milagroso ingenio que permitiere ver Segovia desde los cielos, podríais comprobar que lo que digo es tan cierto, como que Dios Nuestro Señor, vive. Todas las yglesias románicas de la villa, e de cualesquier villa que busquéis, tienen siempre similar orientación: Altar hacia el oriente, en la cabecera del templo, lo que llamamos ábside, e los sus pies hacia el occidente. Además, los más veteranos que aquestas páginas leáis, tendréis remembranzas de que hasta non hace tanto tiempo, el propio sacerdote daba la santa misa de espaldas hacia los fieles. ¿Por qué? Para todos juntos estar mirando hacia la ventana central del ábside, sobre el altar, por do entraría la muy deslumbradora luz de la esperada, e inminente, segunda venida del Redentor del mundo. Para si se producía, poder estar contemplándola como testigos de excepción e ganar nuestra eterna salvación.

También los más veteranos (a los que non lo sois ya os lo narro yo) recordaréis que hasta hace muy poco, en Segovia et en todos pueblos de la provincia… en realidad en todos los lugares del reyno, los hombres se sentaban en el lado que llamamos de la Epístola, el sur o derecha de la nave (entrando desde sus pies) e las mujeres en el lado que denominamos del Evangelio, el norte o izquierda de la nave. ¿Por qué aquesta curiosa disposición e non al contrario? Verbigracia: Nuestro mundo, era un mundo de hombres, gobernado, dominado por los hombres, e a la mujer… por decirlo de algún modo, se la menospreciaba. Mas non inventamos tal nosotros, nos vino heredado de antiguo de las civilizaciones que nos precedieron, los romanos, e los visigodos. La propia yglesia arroja las culpas del original pecado sobre la mujer; Eva… aunque también luego María, la nueva Eva redentora, vino a salvarnos. Mas lo que os decía: por herencia e tradición, la mujer significaba lo negativo, lo maligno, lo obscuro, lo pernicioso e pecaminoso. Por ello, en las yglesias situabanse las dueñas en el lado norte, el más oscuro de la nave, en el que menos daba el sol, el más frío e por supuesto, a la izquierda… bien ya sé lo que vos non, el latín. Os diré pues que izquierda, en latín, se dice “sinister”. Todo, todo tenía su simbolismo.

E ya que por lugares fríos e obscuros transitamos, hablemos del más gélido e sombrío de todo el templo, el lugar do se emplazaban las pilas bautismales, pues también sobre ellas actuábamos los teólogos. Por supuesto estaban policromadas e todas tenían su propia iconografía. La pila bautismal era, es e será per saecula saeculorum, un elemento harto importante. De los más del templo. Su simbología se hace por tanto principal tema, ya que será aquí e non en otro lugar, do el cristiano, sin aún serlo, tomará su primer contacto con la única e verdadera fe. Ni siquiera su posición está al hado dejada. Como más arriba os he adelantado, las pilas bautismales siempre estaban emplazadas en el lado más obscuro del templo, do menos iluminación del astro sol llega, et aqueste es siempre a los pies de la nave et a la izquierda della, mirando desde fuera. El punto más al norte et más al oeste. Comprobaréis que lo que os digo es cierto de sencilla guisa: Ved do se encuentran mayores musgos en los árboles. Siempre es la dirección que os digo por ser la más oscura e gélida, u observad en los inviernos do más aguantan yelos e ventisqueros. Siempre es en el sitio más al noroeste. ¿E por qué motivo e raçon las pilas bautismales están en tan lóbrego emplazamiento? El pequeño infante nace en un mundo de obscuridad por la original culpa del pecado, causado por la esposa de Adán. Una pequeña candelilla de esperanza preside la ceremonia bautismal, e tras verter el agua purificadora en su cabecita, el nuevo cristiano se dirige ya hacia el altar, el lugar con más iluminación. Pasa pues, de las tinieblas del pecado, a la luz de la redención. Básico, mas sencillo. Todo es simbología en nuestro mundo. Todo, para hacer comprender nuestra doctrina a las mentes sencillas et ignorantes.

Puede que al entrar en alguna yglesia románica, veáis alguna pila que non esté en el emplazamiento que os indico, si tal es non hesitéis, sin duda la han cambiado de su original asiento.

En vuestro mundo, las pilas se muestran, al igual que la mayor parte de los templos en la fría e desnuda piedra, más como ya os he mencionado anteriormente, non siempre fue así. También ellas estaban pintadas e llenas, amén del agua sagrada, de vivos e polícromos tornasoles.

Hoy, con el simple caminar por vuestras rúas, estáis harto acostumbrados a los muchos reclamos que os atraen como miel a moscas. Provenientes de distintos lugares, llaman la atención de vuestros siempre curiosos ojos: grandes filacterias e cartelas coloridas, bizarros artefactos que se iluminan e se apagan, lanzando luces que danzan cual si Satán mesmo las hubiere engendrado, incluso extraños legajos cuyas letras se mueven, o aparecen e desaparecen como por mágico ensalmo… hace ochocientos años aquesto difería gruesamente...  por un lado, mas non por el otro. Lo que llamaba la atención hace ochocientos años, lo que reclamaba los ojos, e do las miradas se posaban cual dóciles pajarillos, era en gruesa parte en lo mesmo que hoy. ¡En el color! Non somos tan dispares. ¿E dó se hallaba ese color? ¡Do ya conoscéis! En las yglesias, en sus canecillos, en sus capiteles e sus columnas, en sus contrafuertes e chambranas, en sus líneas de imposta e sus frisos de esquinilla, en sus pilas bautismales e desde luego, e por supuesto, en sus muros. 

¿Podéis imaginar la belleza del níveo templo, con su majestuosa e alba torre iluminándose al amanecer? ¿Podéis imaginar el contraste de sus blancos muros, contra un invierno gris? ¿Podéis imaginar su estallido de colores por doquier? ¿E podéis imaginar, vos que seguís mi discurso, e cuya inquieta mente ya ansía elucubrar lo que os describo, la liza de colores recortándose contra un cielo añil? ¿Podéis? Quiero pensar que sí....

 Continuará......


domingo, 21 de febrero de 2016

 

 
La iglesia de los Santos Justo y Pastor. Curiosidades y maravillas de los templos románicos. (PARTE I)


Segovia capital cuenta con uno de los patrimonios de época románica más ricos de España, y por ende de Europa. Entre iglesias, muralla, partes del alcázar y gran cantidad de portadas de viviendas, en el llamado Barrio de los Caballeros y también en el de las Canonjías, pocas ciudades la superan en España en cantidad de monumentos de esta época. La provincia no le va a la zaga, y existen impresionantes iglesias como las de Duratón, Sotosalbos, San Miguel de Fuentidueña y otras por llamarlo de algún modo, digamos… “menores”, que aparentemente pasan desapercibidas, pero que están cargadas de impresionantes singularidades. Me refiero a templos como los de La Cuesta, Caballar, Santiago en Turégano, Pecharromán, Barahona del Fresno, Orejana, Cuéllar, Sepúlveda, y un casi interminable etcétera.

El apelativo “románico”, fue acuñado en el siglo XIX por los arqueólogos, por el parecido de los templos del inicio de la Edad Media con lo que se hacía en la antigua Roma. No obstante es frecuente, en textos de principios de esta época encontrar el vocablo bizantino, cuando se refieren a iglesias y torres románicas. De hecho, incluso alguna guía de viaje moderna sigue incluyendo, ya por error, que ciertas torres o iglesias románicas son bizantinas.

Una curiosidad más: El estilo arquitectónico que siguió justo a continuación del románico fue el gótico. El tal nombre que ahora nos resulta normal, es sin embargo totalmente peyorativo, un menosprecio. Fue denominado “gótico” despreciativamente por los artistas del renacimiento, al considerarlo un arte bárbaro, proveniente de los godos, comparado con su arte puro, proveniente directamente de la influencia del mundo greco-romano.

Hoy, poco a poco, se está empezando a valorar nuestro envidiable patrimonio cultural que en el pasado cercano otros no supieron apreciar. De hecho, tres de las maravillas que atesorábamos “hicieron las Américas”. La primera, el ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña. Fue cedida de modo indefinido al gobierno de los Estados Unidos, a cambio de seis pinturas que habían sido expoliadas de San Baudelio de Berlanga (Soria), y que ahora se custodian en el museo del Prado (una de ellas, la de un elefante, la veremos más adelante). En la actualidad, dicho ábside se puede admirar en la sección de los claustros del museo Metropolitano de Nueva York.

La segunda en hacer las Américas, fue parte del enorme monasterio cisterciense de Santa María la Real de Sacramenia. El claustro, el refectorio y la sala capitular, fueron inconscientemente vendidos a tratantes de arte estadounidenses, desmontados piedra a piedra y transportadas estas a Nueva York. Tras muchos avatares, las más de 10.000 cajas con más de 35.000 bloques de piedra, fueron transportados años después a Miami Beach, donde aún siguen constituyendo “The church of Saint Bernard of Clairvaux”, lo que se considera la edificación más antigua de los EEUU.

Ese mismo fue el destino de la tercera de nuestras “obras de arte viajeras”, parte del convento de San Francisco de Cuéllar, vendido al mismo tratante de arte, un tal Arthur Byne, el mayor expoliador de arte español conocido.

Qué se puede esperar de una época en la que incluso al acueducto se puso precio. Sí, sí, el mismísimo acueducto fue tasado pericialmente y se valoró en 990.000 pesetas, unos 6.000 Euros. Así lo recoge, El Adelantado de Segovia del lunes 24 de Febrero de 1919, bajo el titular “El acueducto finca urbana”. Si hubiera habido algún caprichoso magnate que hubiera querido y podido afrontar la costosa operación de desmontar el acueducto, embalarlo y montarlo en su tierra, a lo mejor ahora lo estaban admirando ojos ajenos… pero a lo nuestro.

 
 La historia que empieza a continuación, servirá de mucho cuando se siga leyendo el libro, porque después vendrán otros tres cuentecillos más en los que se hablará de más  cosas de nuestro riquísimo y espléndido pasado medieval. Con el presente relato se aprenderán, si es que no se saben ya, curiosas características sobre el arte románico, encuadrado en Segovia desde la reconquista de la ciudad en 1088 por Alfonso VI (en la época del mismísimo Cid Campeador) en el siglo XI, hasta bien entrado el siglo XIII. Pienso que de este modo, habrá ya muchos conocimientos en la mente que quizá, antes eran desconocidos y así será más fácil, y amena, la lectura de los otros tres cuentos “medievales”, que seguirán a continuación. De modo que, amables lectores, vamos a por ello:

¿Qué veis, cuando caminando pasáis al lado de los grandes tesoros románicos que conservamos en Segovia? ¿Qué os transmiten esas torres, esos arcos, esas centenarias edificaciones de piedra? ¿La rotunda robustez de su construcción? ¿La desnuda roca tallada con maestría? ¿Os habéis parado alguna vez a contemplar lo que la piedra cuenta en sus canecillos, en sus capiteles, en sus pórticos? ¿Qué sentís, cuando entráis en uno de estos templos? Los sentimientos que experimentáis cuando entráis en una iglesia románica es igual, o diferente, que cuando entráis en otra construido en otro estilo arquitectónico. ¿Sentís lo mismo al entrar en San Millán, la Vera Cruz o San Martín, que al ingresar en las modernas parroquias construidas en los últimos años? ¿Sentís lo mismo, que al entrar en la grandiosa catedral?

No recuerdo dónde leí, que las gigantescas y esplendorosas catedrales góticas habían sido concebidas para llevar las almas de los creyentes hacia Dios, mientras que los humildes templos románicos lo fueron para lo contrario, para llevar a Dios, hacia las almas de los creyentes. Se podrá estar, o no, de acuerdo con esta afirmación, supongo que irá en cada persona, pero al menos yo, no puedo estar más de acuerdo. 

Hoy en día tenemos ipod, ipad, smarphones, tablets, todo tipo de artefactos tecnológicos de nombres casi impronunciables, potentes ordenadores de mil marcas, internet (¡¡por cierto, estar atentos a la lectura pues en un momento dado, el protagonista os pedirá, sutilmente, que comprobéis algo con google maps!!), llevamos todo el conocimiento del planeta en nuestros bolsillos, en los móviles… y sin embargo, todos estos cacharros no pueden hacer algo que una cosa que siempre hemos tenido, y que “traemos de serie”. Una herramienta más potente, y definitivamente más poderosa, que todos esos ingenios: Nuestra imaginación. Usadla un momento conmigo… para situarnos aquí mismo… en Segovia, cuando las obras de un pequeño templo, de un humilde arrabal de artesanos dedicados a los oficios de los paños, el arrabal de San Justo y Pastor, estaban muy avanzadas. Prácticamente terminadas… eso fue hace casi, ochocientos años… Dejad que vuestra mente vuele a aquella hermosa, pero terrible época… que fue la Edad Media…

  

¿Estáis ya aquí? ¿Conmigo? Abrigaos. Ayer también nevó, y en la calle hace frío, mucho, muchísimo frío. Ya ha atardecido. Acaban de tañer los consabidos toques de cuerno que anuncian el cierre de las puertas de la muralla, aunque nosotros vamos caminando por fuera, subiendo un camino por el barranco frente a la puente seca, el acueducto, que conduce al arrabal de San Justo, en el altozano conocido como “el Cerrillo”. Hay que llegar a casa antes de que las tinieblas espesen toda la tierra con su tupido manto. El suelo está embarrado como siempre que llueve o nieva. Huele a humo por toda la villa. Es un olor agradable el de la madera quemada, de solo olerlo ya casi uno entra en calor, pero solo casi. Hay que tener cuidado donde se pisa, pues hay quien no tiene corral tras la casa y arroja… desagradables restos a la calle, que se mezclan con el barro y la nieve. Los pies están húmedos y helados. Tras siete años con las mismas botas, aunque sean de buen cuero y se las dé manteca a menudo, tienen un agujerillo por donde se me mete el agua, a ver si hay trabajo en el campo este año, o alguna incursión contra los moros tras la primavera y se puede hacer algún dinero. Se escucha por ahí, que el muy alto, muy noble y muy poderoso señor don Alfonso VII, el Emperador, quiere romper las treguas con los almorávides, ya veremos.

Ya casi llegamos a nuestro destino. Se le distingue claramente del resto. Es una casa de piedra que pertenece a la iglesia. Tendemos a pensar en las villas medievales como cuando nos viene al recuerdo Pedraza, con todas sus casitas de piedra, pero… eso es un error. El mundo medieval era eminentemente de madera, las casas corrientes eran poco más que chamizos de madera y adobe. Solo las viviendas de los opulentos eran de piedra, y las de los muy, muy pudientes con dos plantas, las dos de piedra, varias ventanas y hasta dos chimeneas.

Abrimos con cuidado la puerta, no queremos molestar a quien está dentro. Aunque la chimenea está en la otra punta de la estancia, nada más entrar se nota el calor de la lumbre, que lanza un juego de sombras sobre un hombre sentado a una gran mesa frente al fuego, y dándonos la espalda. Se escuchan los cantos provenientes desde fuera, de la casi concluida iglesia de los santos niños mártires Justo y Pastor, y nos vemos envueltos por un tranquilizador halo de espiritualidad. El hombre parece un monje, o un sacerdote. Está arropado por un pesado hábito marrón, y tiene la mesa llena de pergaminos y gruesos manuscritos… Démosle voz. Escuchadle sin hacer ruido… y aprenderéis mucho de él… (continuará...)

lunes, 7 de abril de 2014

EL PÓRTICO DE LA GLORIA EN MITAD DE CASTILLA. SE PUEDE VISITAR EN LA GRANJA (SEGOVIA)



El Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, es uno de los mayores pórticos románicos europeos y sin duda, la obra cumbre del románico español.

Fue ejecutado por el célebre Maestro Mateo y su taller, bajo el reinado de Fernando II de León. Se tiende a pensar en el maestro Mateo como un gran maestro cantero. Lo cierto es que, tras una revuelta campesina que destruyó parte de la catedral, se le encarga reconstruir las zonas dañadas y finalizar la fachada occidental, por lo que la escultura es solo parte de la obra realizada, siendo Mateo todo un maestro de obra, con los enormes conocimientos que ello conllevaba en plena Edad Media. De este modo, la estructura arquitectónica de la fachada se articula en tres plantas superpuestas: la cripta, el pórtico y el correspondiente triforio.
Hay que tener en cuenta que el románico es un arte sagrado, en el estricto sentido de la palabra y como tal, está dotado de un fuerte y profundo simbolismo. Nada en un templo románico está dejado al azar, ni su orientación, ni su iconografía, ni su colorido interior y exterior, ni sus esculturas en jambas, arquivoltas, dinteles, capiteles o canecillos. Las iglesias románicas que contemplamos en la actualidad, han perdido todo o casi todo el explosivo colorido que las adornaba, en una época en que los estímulos visuales eran, salvo en los templos, casi inexistentes.
Pero hablemos de lo que nos congrega aquí esta tarde, el Pórtico de la Gloria. Parece imposible, que en una villa barroca por excelencia como es La Granja, podamos contemplar hoy esta maravillosa reproducción de una obra de la Edad Media. Cuando el pórtico se finalizó en 1188, este pueblo no existía, es más, le quedaban más de 500 años para nacer. De modo que quizá parecerá imposible lo que yo hoy propongo a la amable audiencia: Dar voz, más de 800 años después al gran maestro Mateo, escribiendo sus reflexiones en un quizá,  imposible diario. Con su permiso, voy allá:

En el nombre de Dios Todopoderoso, hoy es uno de Abril. Mil y ciento y ochenta y ocho años ha, que el verbo se hizo carne caminando entre nos y hoy, al fin, hemos desmontado los andamios del Pórtico. Yo, Mateo, concebí esta obra desde sus cimientos. Veinte largos años han pasado desde que los excavamos, drenamos y rellenamos, más al fin, lo que mi mente concibió y solo en ella tenía forma, muéstrase hoy ante los ojos de los hombres. Aunque aquí contaré lo que ideé y como ante vos se levanta agora, he de decir que mi idea fue con mucho superada, y en adelante se verá por qué. Quise juntar mis saberes de arquitectura, escultura y pintura para crear una visión nueva de la historia de la redención, desde la época del antiguo testamento, representado en la arcada de la izquierda, pasando por la era que se inicia con el nacimiento y Pasión de Nuestro Señor figurada en la arcada derecha, hasta culminar con la Parusía, la segunda venida de Cristo representada en el tímpano central, cuando, tras la resurrección de los muertos y el Juicio Final, se establecerá el reino Eterno de Dios. Mi fin con ello no era otro, que elevar el espíritu a través de los sentidos de quien contemple. Desde el mundo terreno hacia la Gloria del final de los tiempos.
            En el parteluz de la puerta ideé colocar una columna de blanco mármol, material que simboliza pureza y así ficimos, tallando en ella la genealogía humana de Cristo representada por medio de un árbol que brota del corazón de Jessé, pasando por sus descendientes: David y Salomón hasta  la Virgen María.
Nuestro Padre, el apóstol Santiago ocupa el espacio privilegiado que sirve de puente de unión entre el mundo terreno y la gloria celestial. También su rostro es de mármol y está enmarcado por un nimbo de bronce decorado con cristales de roca. Agora recuerdo su leve sonrisa ¡cuánto me costó tallarla! Cuando la vi finalizada… me animó a seguir tallando sonrisas y me atreví a acentuar la de su hermano Juan, el evangelista, en  la columna del arco derecho… algo me indicó que estaba haciendo algo nuevo, algo único, cuando vi cómo esos rostros me miraban… parecían… no me atrevo a decirlo, mas sí… por primera vez tuve la impresión de que parecían vivos.
En el otro pilar en que se asienta la gloria emplazamos el grupo de los profetas del antiguo testamento, encabezado por Moises con las tablas de la ley, seguido de Isaías, Daniel y Jeremías... aquí la dura piedra de granito de la tierra de los gallegos nos pedía más, nos exigía ir más allá. No sabría explicarlo, mas todos estábamos contagiados por una fiebre que, lejos de copiar, como se había hecho durante siglos, nos pedía, Dios nos perdone, crear. Robamos la esencia de cada piedra y las dotamos de una infinita variedad de diseños texturas y gestos que una vez terminadas y vistas desde los andamios, a nosotros mesmos nos hacía meditar. Uno de mis maestros talló el expresivo rostro de Isaías, con su brutal tormenta interior, mas entonces, a su vera, otro de mis hombres creó un dramático contrapunto emocional, en el feliz rostro de Daniel y su radiante y sincera sonrisa ¿Por qué? Le pregunté extasiado mientras lo contemplaba. Mas yo no preguntaba a mi escultor, preguntaba a su obra ¿Por qué sonríes así? Una voz tras de mí, diome la respuesta: Maestro, he querido plasmar el pasaje bíblico en el que Daniel se echó a reír al demostrar al rey Ciro que la estatua de bronce del dios bel no era más que un ídolo inerte, incapaz de comer las ofrendas que los paganos babilonios dejaban ante su altar, estas simplemente desaparecían al ser consumidas por los sacerdotes. La sonrisa de Daniel proclama por tanto el triunfo de la fe sobre la idolatría, mirando con júbilo hacia el umbral una nueva era en la que la gracia de Dios consigue disipar las tinieblas de la superstición…
Lloré. No me arrepiento en decirlo. Nosotros no estábamos tallando ese pórtico, él nos estaba tallando a nosotros, a nuestras almas, dirigía nuestras manos, nuestros cinceles, nuestros mazos y nos indicaba qué quería ser
Así, en el centro de cada uno de los pilares que sostienen el pórtico, dejamos para los siglos una sonrisa cautivadora, diferente. La de Daniel, la de San Juan y la de Nuestro Padre Santiago.
Poco a poco fuimos colocando las esculturas del tímpano con la descripción de Juan sobre el Apocalipsis. Yo mesmo, con estas manos pecadoras tallé el Cristo en majestad, a su alrededor colocamos las figuras de los 4 Evangelistas y los rodeamos por los 24 ancianos del Apocalipsis afinando los instrumentos musicales con la que van a entonar la música divina que se escucha en la Jerusalén celeste.

Llegó un día en que todo estuvo terminado es aqueste que narro en que desmontamos la madera. Al atardecer nos congregamos todos expectantes ante el pórtico. Por primera vez lo contemplamos en todo su esplendor. Los últimos rayos de sol golpeaban en él expandiendo como en una explosión todo su color. La corona dorada de Santiago y los cristales de roca refulgían como cien soles que refractaban la luz en mil colores. En el centro mesmo del gran arco, mostrando sus llagas, de las que manaba bermeja sangre, Jesucristo Todopoderoso parecía querer salirse del tímpano, sobrevolando nuestras cabezas desde la nube alba do se hallaba. Sus blancas vestiduras casi aturdían con su brillo y el dorado del las capas de los evangelistas que le rodeaban parecían hacer como si realmente el cielo se abriere y de él surgiere el Señor en majestad. Por doquier azules, púrpuras, verdes, lapislázuli, cinabrio.
Acá ángeles rubios de doradas alas y celestes ropajes, alla aterradores demonios, e ídolos rojos devorando esqueléticas almas de pecadores Y allí nos hallábamos quedos nosotros, con el aliento cortado, la mirada atónita y hasta la mesma ánima sobrecogida. Cuando en mientes quisimos caer, estabamos todos allí no solo juntos, sino abrazados, contemplando incrédulos nuestro propio trabajo, que sabíamos único e irrepetible, maravillados con los rostros, los gestos, las posturas, las miradas, los vivísimos colores... No miento, juro que no miento si digo que aquella fachada estaba viva. Las figuras que la poblaban en tan grueso número y armoniosa concentración, ¡parecían estar vivas! Conversaban y cantaban, se miraban y reían, se contaban secretos de los cuales todos parecían ser sabedores cómplices, susurrando ante nosotros, para no ser escuchados, sí, estaban vivas, ellas allí dentro estaban vivas y hacían sentirse vivo a quien las contemplaba, seguro de si mesmo y respaldado por Dios Nuestro Señor.
Así, con los últimos rayos de sol que simbolizan su muerte, que simbolizan a la par la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, se obra el milagro de la luz, de la Gloria de Cristo. Cualquiera que de hoy hasta el futuro esta obra contemplare, no podrá dudar, ni por un momento que hay otra vida tras de esta. Que el final va a llegar y que solo Él, el señor, es el salvador, que ha de venir a juzgarnos y a llevarse con él a su Jerusalén Celeste a los justos, a su Gloria, como la que quise yo representar en aquesta iglesia de Nuestro Padre Santiago
Yo Mateo, maestro de obras de la catedral de Santiago de Compostela a uno de Abril de mil y ciento y ochenta y ocho.



domingo, 12 de agosto de 2012


Muy buenas, esta vez os dejo la obra de teatro que he escrito para la villa de ayllon y que representaron en mitad de la plaza en su conocida fiesta de "Ayllon Medieval" Espero que os guste:

La historia tiene lugar repartida entre cuatro escenarios, La terraza porticada de San Miguel, un patíbulo, otro tablado y la propia plaza de la villa. Se necesita como estaba el año pasado, un patíbulo con un tocón de madera para el verdugo y otro tablado cercano.
Entra en la plaza entre redoble de tambores Don Álvaro de Luna ya mayor con 63 años, maniatado y vestido con el hábito de la orden de Santiago. Es precedido en este orden por: tambores y bombos, cuatro portaestandartes con el pendón de Castilla, un verdugo, dos frailes y dos soldados castellanos. Tras de él, dos soldados castellanos más, el justicia mayor del reino y otros pendones, que junto a los anteriores servirán más adelante para mezclarse entre el publico y ser agitados allí. Caminan todos despacio hasta el cadalso donde suben el verdugo, los frailes, Don Álvaro, y el Justicia Mayor del Reino. Una vez todos arriba, cesan los tambores.
Desde la terraza porticada de San Miguel, un narrador en voz no muy alta pero sí muy profunda habla al público de la plaza:

Narrador: -¡Escuchadme castellanos! ¡Escuchadme visitantes! Estamos en la plaza mayor de Valladolid, en el muy amado por Dios reino de Castilla. Mil cuatrocientos e cincuenta e tres años han corrido, desde que el Verbo se fizo carne e habitó entre nos. Don Álvaro de Luna, quien fuere el Condestable de Castilla y Maestre de la Orden de Santiago va a ser hoy, dos de junio del susodicho año del Señor de Mil cuatrocientos e cincuenta e tres, aquí degollado, degollado aquí, en público cadalso.

Justicia Mayor (Airado y justiciero): ¡Don Álvaro de Luna! Aunque el Don os sobra, ¡Por orden del rey nuestro muy alto y noble señor, Don Juan II de Castilla, se os acusa de traición, conspiración contra su persona y maquinación para apoderaos del reyno! ¡Por todo ello y vuestra maldad, se os condena a ser decapitado! ¡Que así sea y se cumpla! (escupe en el suelo ante Don Álvaro)

Don Álvaro de Luna con estoico gesto asiente, se dirige hacia el tocón donde colocará su cabeza, antes de agacharse se detiene y dice: ¡Errado estáis justicia de acusarme de traidor! ¡Y errada está su majestad! ¡Sabéis que no hay ejército en Castilla como el mío, si alzase un dedo mis tropas inundarían aquesta plaza sacándome della…mas… Con mi muerte os demuestro que hasta en el morir soy leal y no traidor. Mi rey dice morid… y muero! (levanta la vista y las manos al cielo) ¡Ay, Castilla hermosa patria, qué mal pagas a quien bien tan te sirvió!. –Don Álvaro posa su cabeza en el tocón, redoble de tambores, el verdugo levanta su hacha…

Desde el público: En varios puntos varios actores mezclados gritan y animan a los espectadores y visitantes del mercado a que griten con ellos para detener la ejecución: –¡Teneos! ¡Teneos! ¡No! ¡Es inocente! ¡Piedad! ¡No! ¡Teneos! ¡Piedad! ¡Piedad! –Hay que tratar de que todo el público participe y se forme un gran clamor. Ante él, el justicia Mayor, sorprendido por la respuesta del pueblo, levanta la mano y detiene la ejecución.

Justicia Mayor (dirigiéndose al pueblo a gritos): ¿Por qué pedís piedad contra aqueste traidor?

Uno de entre el público: ¡Por que la merece!

Otro: ¡No es un traidor y podemos demostrarlo!

Justicia Mayor (Amenazador):¡Ya es tarde! ¡La sentencia está dictada y se cumplirá! ¡Señor verdugo! ¡Por orden del rey! ¡Proceded!

Otro de entre el público: ¡Justicia mayor! ¡Escuchad al menos!

Justicia Mayor: ¿Escuchar a quien?

Todos: ¡A ella!

Una anciana sube ya despacio y costosamente al tablado

Justicia Mayor (pregunta con curiosidad): ¿Quién sois anciana, que con vuestra interrupción regaláis minutos de vida a quien non los meresce?

Anciana hechicera: Soy quien por arte de mi blanca magia os hará ver la verdad si es que a tal queréis atender, soy quien por medio de mi sortilegio haré viajar ¡Gratis! en el espacio y en el tiempo a todos los aquí presentes (alza los brazos) ¡Potencias de la tierra! ¡Potencias del cielo! ¡Potencias de las aguas y el subsuelo! ¡Yo os invoco! ¡Venid a mí! (redoblan tambores, bombos y carracas) -Todos los personajes se santiguan amedrentados. –¡Potencias del bien! ¡Facednos ver la verdad! ¡Tornad en joven al viejo y hacedlo ante nos hablar! (más ruido de tambores, bombos y carracas, mientras un joven caballero sube al lado de la anciana)

Narrador: (Exultante) ¡Mirad! ¡Mirad a vuestro alrededor! ¡Mirad los pórticos! ¡Mirad la fuente! ¡Mirad la plaza! Nos hallamos agora en la villa de Ayllón muchos años antes de la sentencia contra Don Álvaro de Luna. ¡Cuan eficaz fue la magia de la anciana! (señala al Don Álvaro joven) ¡Vedlo ahí! ¡Ved cuan mozo y galán se halla de nuevo Don Álvaro! (confidente se pone una mano junto a la boca) ¡Cuidado mozas! que está de buen ver, es aguerrido y bravo, diestro de espada y pluma y siempre en su bolsa suena plata.
De él dijo el gran Pérez del pulgar famoso en las campañas contra los moros de Granada: “Es de saber que este Condestable fue pequeño de cuerpo y menudo de rostro, pero bien compuesto de sus miembros, de buena fuerza y muy cabalgador, asaz diestro en las armas y en los juegos dellas, muy avisado. En el palacio muy gracioso y bien razonado como quiera que algo dudase en la palabra. Muy discreto e gran disimulador: fengido e cauteloso y que mucho se deleitaba usar tales artes y cautelas, ansí que parece que lo había a natura”

Don Álvaro de Luna, (anciano) mira entre incrédulo, temeroso y extrañado a su alrededor: -¡Bendito sea el cielo! ¿Qué arcano es aqueste? …Aquesta plaza… ¡Aquestas gentes! ¡Son… son las mías de mi amada Ayllón! ¡Y ese… ese… ese joven…! ¡Por vida mía! ¡Soy yo!

Justicia mayor Aterrado corre a abrazar al verdugo –¡Bruja del demonio! ¡Sierva de Satán! ¿De qué negra magia te sirves?

Anciana: ¡Callad y escuchad!

Don Álvaro de Luna (joven) Hace una profunda reverencia a la anciana -¡Queridos vecinos de mi muy querida villa de Ayllón, visitantes de otras tierras que adrede o por fortuna aquí paráis, ruego me escuchéis pues aquesta y no otra es la verdad de mi vida: Gracias a al poderoso linaje de mi familia siendo muy joven entré como paje al servicio de mi señor Juan II, yo era un mozalbete mas él era solo un niño, mas a pesar de la diferencia de edad nos convertimos en compañeros de juegos. Como hoy, tiempos de convulsión e inquietud sacudían Castilla y los reinos vecinos. En el verano del año del señor de 1411 morábamos en Riaza cuando el tío de mi señor y regente a la sazón Don Fernando de Antequera, nos llamó. Fue la primera vez que mis pies hoyaron esta bendita villa de Ayllón. Los días que aquí pasamos fueron de un esplendor sin igual para Ayllón, La villa se lleno de personajes insignes que iban y venían llenando las calles con sus vistosas comitivas, el gran San Vicente Ferrer predicó ante nosotros, una embajada del rey de Navarra visitó la villa ¡Que boato! ¡Que grandeza! (Se queda pensativo)

Narrador: Tras el compromiso de Caspe, Fernando de Antequera se convirtió en rey de Aragón y dejó de ser regente de Castilla. Ese puesto lo ocupó Doña Catalina de Lancaster progenitora del aun niño Juan II. Doña Catalina era una mujer depravada e incapaz para el gobierno, lo que aprovecharon los nobles, los infantes de Aragón y el rey de Navarra para minar la autoridad real y repartirse las tierras y señoríos de Castilla. El reino era un caos, fue entonces en medio de aquel desastre cuando emergió la figura de Don Álvaro de Luna.

Don Álvaro (joven) Rodeado de ambiciosos e incapaces, el joven Juan II estaba confundido y solo confió en su amigo de infancia, en mi persona, para sacar al reino del desastre en que se hallaba. Frente a la gran nobleza de Castilla, los infantes de Aragón, el rey de Navarra y mi archienemigo Enrique de Aragón, forjé una coalición formada por la pequeña nobleza castellana, las ciudades, el bajo clero y los judíos.

Justicia mayor ¡Con los judíos! ¡Los asesinos de nuestro señor!

Todos: ¡Que os calléis!

Don Álvaro (joven) Como os decía, forjé una alianza de los pequeños del reino, de los desfavorecidos, contra los grandes… Los poderosos jamás me lo perdonaron. No os aburriré con datos, nombres y fechas, que los hay a cientos, solo deciros que fue una época convulsa para el reino. Las batallas sucedían a las batallas, las intrigas a las traiciones, de las que casi siempre salía victorioso, es más, la más sonada traición contra mí y de la que no pude escapar, convirtiose de traición en bendición.

Narrador La facción de los poderosos, consigue convencer al débil Juan II de que Don Álvaro de Luna es mala influencia para él y para el reino de Castilla, por lo que Don Álvaro es apartado de la corte y desterrado a aquesta villa de Ayllón, que estaba en su tenencia y le era muy querida. Don Álvaro llegó aquí seguido por un brillante séquito de caballeros, prelados y gentilhombres entre grueso aparato. Con ellos cruzó aquel arco, atravesó la plaza que agora nos rodea y pisó los mesmos suelos que vuestros pies pisan hoy. ¡Ayllón vive los momentos de mayor esplendor de su historia!

Don Álvaro (joven) ¡Jamás desterrado alguno fue tan bien acogido ni expatriado nunca vivió tan feliz!

Don Álvaro (anciano) ¡Sí, sí también yo recuerdo esa época! Fue la más feliz de mi vida, sin las preocupaciones del gobierno, sin que sobre mis hombros cayera todo el peso del reino, ¡Cuanta dicha!

Don Álvaro (joven) ¡Cuanta dicha! ¡Caballeros, torneos! ¡Hermosas damas! ¡¡¡Fiestas y diversión!!! (Aquí que empiece la música a sonar y todo el mundo baile, que los actores cojan a la gente y bailen con ellos que en todos los escenarios bailen también los actores)

Narrador: En aquesta, su muy amada villa de Ayllón, Don Álvaro de Luna disfrutaba por primera vez de los placeres de la vida, cuentan las crónicas que vivía más como un príncipe, que como un proscrito.

Don Álvaro (joven) Disfruté de la caza, de la pesca, de las cabalgadas por aquestas tierras, de su olor, de sus atardeceres, de la compaña de mi familia, mis amigos, mis fieles…
Narrador: Entre tanto fuera de la burbuja de Ayllón había otro mundo, sin la poderosa figura unificadora de Don Álvaro, los grandes nobles, los infantes de Aragón y el rey de Navarra campaban a sus anchas tornando de nuevo el reino en caos. Asesinatos, violaciones, ajustes de cuentas, robos, abusos por doquier, ¡Hasta sacrilegios se cometieron! Castilla era un peligroso lugar do nada ni nadie se respetaba y que el rey era incapaz de controlar. Pronto todo el reino era un clamor pidiendo a gritos la vuelta de Don Álvaro.

Don Álvaro (joven) Hasta tres veces mi señor me pidió que volviera, mas yo era tan feliz aquí… (Señala al pueblo con las manos) -Finalmente accedí, no podía permitir que mi amada Castilla ni mi amado señor Juan II se perdiesen. El rey se echó en mis brazos, y no es una manera de hablar. En poco tiempo, mis tropas pusieron toda Castilla en orden mas… hubo una terrible guerra contra Aragón. (Aquí nueva participación del público, en una punta los actores agitando pendones gritan a favor de Castilla y tratan de que la gente grite también con ellos, mientras en la otra punta otros actores enarbolan banderas de Aragón, gritan a favor de este reino y tratan de que la gente se les una, que los tambores toquen también) -Esta vez vencimos los castellanos, gracias a Dios. Tras esta batalla hubo otras contra moros, navarros y nobles ambiciosos. La victoria sonrió siempre a nuestras banderas, yo estaba en la cima de mi gloria cuando sucedió lo impensable… (Desgarrado) ¡Cómo! ¡Cómo! ¿Como mi señor pudo traicionarme? (Llora)
Narrador: La esposa del rey, Isabel de Portugal, madre de la futura Isabel la Católica, celosa y temerosa del poder de Don Álvaro de Luna, conspira para provocar su caída. Vierte veneno en los oídos del débil Juan II quien temiendo perder los favores de su bella esposa sucumbe. Cuenta la leyenda que cuando una gran hueste del rey se dirigió a Ayllón a prenderlo en su nombre, el condestable escapó por una alcantarilla que aún existe bajo la muralla de aquesta villa.
Don Álvaro (viejo): No hace mucho de tal lance, mas no juzgadme mal, no escapé por cobardía, mi ejército era mucho mayor que el del rey y contábamos con la defensa de la muralla. Preferí no ver vertida más sangre de castellanos, que ya había visto mucha. Recorridas unas leguas, torné a la villa. ¿Por qué había yo de escapar de mi señor? Seguro que era todo un error que pronto se arreglaría… cuan necio fui.
Narrador: Don Álvaro fue arrestado. En precipitado un juicio que no fue sino una pantomima manejada por la reina y sus ambiciosos nobles, el condestable es condenado a morir degollado.

Hechicera: ¡¡Arenas del tiempo volved a caminar!! Llevadnos de nuevo a Valladolid y hacednos ver lo que aconteció en aquel cadalso, en aquella fatídica e indigna jornada. (Tambores, carracas mucho ruido la hechicera y el Don Álvaro joven desaparecen del tablado)

Justicia mayor ¡Basta ya de tonterías! ¡No quiero escuchad más! ¡Continuad con la ejecución! ¡Señor verdugo proceded! (redobles)

Actores del público: (tratan de nuevo de impedir la ejecución y de que el público se sume) ¡No! ¡Piedad! ¡Es inocente! ¡Tenéos!

Don Álvaro (viejo): (Antes de agacharse al tocón) ¡Maldito seas rey de Castilla! ¡Maldito el amigo que con traición paga a su amigo! ¡Yo te di toda mi vida y tu… tu me das muerte! ¡Me mandas morir y muero! ¡Te obedezco! ¡Mas sabe, que si justicia no hay en aqueste mundo si la habrá en el otro, al cual yo te emplazo y en el cual yo te espero! ¡Como que hay Dios que en menos de un año allí estarás conmigo! ¡Do habrás de acudir ante Nuestro Señor, el más grande juez para dar cuenta de tus actos! ¡Que Él se apiade de ti! ¡Allá te espero! (Se agacha y pone la cabeza en el tocón)

Nuevos redobles de tambores, cuando se detienen el verdugo descarga su hacha, hasta este momento los actores del público piden piedad y que se detenga el ajusticiamiento. El actor que hace de don Álvaro se sube el cuello alto de tela que lleva en el vestido simulando no tener cabeza y cae hacia un lado. El verdugo saca del cesto de mimbre una cabeza chorreante de zumo de tomate que muestra al público. (Que suene por megafonía una música triste sobre la cual comience a hablar el narrador)


Narrador: Cuenta la leyenda que Don Juan II marchó a Segovia para no presenciar la ejecución de Valladolid. En su alcázar se hallaba cuando una terrible tormenta se desencadenó sobre la villa. En el justo momento que el hacha cortaba la cabeza del condestable, un relámpago iluminó fantasmalmente la estancia do se hallaba el rey, sus aterrados ojos presenciaron milagrosamente la escena del ajusticiamiento, con Don Álvaro instándole a acudir al otro mundo en el plazo de un año para el juicio divino, por haber sido tan injusto con quien tan fielmente le sirvió a él y al reino. El débil rey, aterrado por la visión, cayó desfallecido. Desde aquel día, enfermó de melancolía y arrepentimiento, ni su amada Isabel podía calmarle. Acosado por el remordimiento, la culpa y la falta de su leal amigo, triste y enfermo murió en el plazo de un año tal y como había dicho don Álvaro, mas… esto solo es leyenda, quizá no ocurrió… o quizá sí…
La figura del Condestable fue tan importante en nuestra historia, que pasados más de doscientos años de su injusta muerte, en el año del Señor de 1658 el consejo de Castilla en pleno declaró póstumamente a Don Álvaro de Luna inocente de los muchos crímenes, excesos, delitos, maleficios, tiranías y cohechos por los que había sido juzgado.
Tras tan azarosa vida, sus restos descansan por fin en paz, en la capilla de los Condestables de la catedral de Toledo, si por allí pasáis, decid con orgullo, Don Álvaro, soy de la villa de Ayllón…y os seguimos recordando…

sábado, 3 de marzo de 2012

TERCERA EDICIÓN DE EL HIJO DEL HERRADOR!!!!!!

     Quién me iba a decir a mí, que un día iba yo a escribir un libro... y quién me iba a decir a mí que se iba a publicar una primera, una segunda y ahora ya ¡¡¡ UNA TERCERA EDICIÓN !!! Eso solo ha sido posible GRACIAS a vosotr@s, a tod@s quienes habéis seguido las andanzas de Diego López, el humilde hijo de un herrador del concejo de Segovia, en la Castilla de finales del XII y principios del XIII.
    GRACIAS a quienes habéis combatido a su lado.
    GRACIAS a quienes habéis amado a su lado.
    GRACIAS a quienes habéis caminado a su lado.
    GRACIAS a quienes habéis sufrido a su lado.
    GRACIAS a quienes habéis soñado a su lado.
    GRACIAS a quienes habéis vencido a su lado.
    Y sobre todo GRACIAS, MUCHAS GRACIAS a quienes habéis confiado en mi novela sin conocerme a mí ni a ella de nada, a quienes os habéis acercado hasta sus páginas y sumergido en su lectura para conocer ese trocito tan precioso de nuestra historia. Gracias a vosotr@s Diego ha podido vivir... y amar a Shamina y combatir en Alarcos y peregrinar a Santiago, viajar hasta Francia, servir con infinita lealtad a su señor don Rodrigo Ximénez...y mucho, mucho más como ya sabéis.
     Os invito a que echéis un vistazo a mi segunda novela "Lágrimas por Qurtuba" estoy seguro de que no os defraudará.
.....Nos vemos en Qurtuba, en Toledo, en Alejandría, en Peñíscola, en Ceuta, en El Cairo, en Sevilla... Nos vemos en el pasado... nos vemos en el medievo... sí, allí nos veremos...

domingo, 2 de octubre de 2011

...5...4...3...2...1... Lágrimas por Qurtuba....

     Decía Napoleón que hay ladrones a los que no se castiga cuando nos roban lo más valioso que tenemos en esta vida... el tiempo. El tiempo... y sin embargo, qué difícil es robar tiempo al propio tiempo, es como robar a un ladrón, como engañar a un timador... no, no es fácil. Pero ahora que yo lo hago, os quiero dejar la portada de lo que será, de lo que ya es, mi próxima novela. Su título: Lágrimas por Qurtuba.
      Como quizá alguno haya adivinado por el parecido fonético, Qurtuba es Córdoba, la Córdoba de al-Andalus, aquella que aún hoy vive escondida entre las callejas de la judería, entre los arcos de la mezquita, la que se asoma desde las murallas, la mítica Qurtuba.

      Cuando concluí "El hijo del herrador" mucha gente me pedía una segunda parte, una continuación, siento mucho no poder haberlos complacido, el bueno de Diego quedó feliz con su familia y así seguirá. Esta segunda novela, como digo, no es una continuación de la otra, pero sí que comienza donde aquella concluye. Si recordáis, la otra acaba prácticamente en los campos de batalla de las Navas de Tolosa... aquí es donde arranca Lágrimas por Qurtuba, pero desde el otro lado, desde el lado de los derrotados...

      Quizá recordaréis al capitan Abdul al-Rashid, capitan de la guardia negra del califa, amigo de Diego cuando este viajó a Córdoba, pues bien, esta es su vida, sus vivencias y os aseguro que son apasionantes.
En Lágrimas por Qurtuba encontraréis más acción, más aventuras, más amor, más odio... no os quiero desvelar nada. Os dejo tres cosas: La portada, la sinopsis y el prólogo, vamos allá:




SINOPSIS:
      Es el 16 de Julio de 1212, dos civilizaciones, dos culturas, dos concepciones y modos de ver el mundo, entregan sangre en la legendaria batalla de las Navas de Tolosa. En el postrimero ataque de los cristianos, el capitán de la guardia negra del califa consigue escapar de la carnicería y poner a salvo a su señor al-Nasir. La victoria cristiana cambia el curso de la historia de España. Desde este momento el impero almohade, que hasta entonces dominaba la península se descompone.

Abdul al-Rashid, personaje central de la novela, es un auténtico caballero y héroe andalusí, referente de honor, justicia, fortaleza, valentía y calidad humana, que narra en primera persona y con un lenguaje muy propio de la época sus increíbles aventuras e historias en la más pura tradición de los relatos y cuentos de las mil y una noches pero con toda la violenta crudeza de la que estos carecen. El protagonista tratará de hacer sobrevivir, primero a su señor, luego a sí mismo y más tarde a Qurtuba (Córdoba) su amada ciudad en las situaciones más hostiles y adversas.


Lágrimas por Qurtuba es una trepidante novela en la que la enorme riqueza de la civilización andalusí se muestra con minucioso detalle: La vida cotidiana, los coloristas mercados con sus vendedores y contadores de historias, las subastas de esclavos, las cacerías, las fiestas, los inseguros viajes por tierra y mar, la guerra, la brutalidad de la Edad Media, pero también el amor, la fortuna y los más profundos sentimientos, tienen cabida en esta nueva novela de Ricardo A. Fernández, quien con su peculiar narrativa, atrapa y sumerge al lector, invitándolo a asomarse por una ventana a esta apasionante etapa de nuestra historia



PROLOGO:
Mi primer libro, “el hijo del herrador” cuenta la historia de un humilde herrador de Segovia cuyas apasionantes y extraordinarias vivencias desembocan en el quizá más crucial hecho de armas de la historia de Castilla: El dieciséis de Julio del año de gracia de 1212, tuvo lugar en las proximidades de La Carolina, en la actual provincia de Jaén, la famosa y crucial batalla de las Navas de Tolosa. Fue sin lugar a dudas la mayor batalla de toda la Edad Media española y una de las mayores de todo el medioevo europeo, cruzadas incluidas, y su desenlace marcó para siempre jamás la Reconquista. Ese día y esa batalla, supusieron la descomposición del imperio almohade y desde entonces las armas musulmanas nunca volvieron a llevar la iniciativa en la península ibérica; de hecho muchas veces se ha nombrado a esta batalla como la llave de la Reconquista; en menos de cincuenta años, los reinos cristianos retomaron más villas castillos y territorios que en los quinientos años anteriores. Poderosas ciudades como Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia, Mallorca y Valencia, fueron cayendo una tras otra como fichas de dominó bajo las armas de dos reyes legendarios, Fernando III “el Santo”, rey de Castilla y de León y de Jaime I “el Conquistador”, rey de Aragón.
Como en todas las batallas de la historia, la victoria final fue fruto de la calidad de las armas y de los hombres que intervinieron, su cantidad, su motivación, las estrategias utilizadas y por supuesto… la suerte. Según los estudiosos militares un factor determinante en la victoria cristiana pudo ser el abandono de la batalla por parte de las tropas andalusíes en el momento más crucial del combate. Su retirada, no fue traición, ni en absoluto cobardía, fue un desquite por lo siguiente:
El ejército cruzado encabezado por el líder de los cristianos, Alfonso VIII de Castilla, salió de Toledo para encontrarse con los musulmanes del emir al-munimin, Muhammad al-Nasir, Príncipe de los Creyentes y cuarto califa de la dinastía almohade. Al no poder dejar fortalezas a sus espaldas que le complicaran el avance hostigando su retaguardia, puso asedio al castillo de Cal-Atrabba defendido por un capitán andalusí de nombre Bu-l-hayyay ibn Kadis y sus setenta caballeros. Las máquinas de asedio consiguieron abrir brecha en la muralla, pero los andalusíes se replegaron hacia la ciudadela haciéndose fuertes en la torre del homenaje sin entregar la plaza. Los sitiados enviaron numerosos mensajeros pidiendo socorro al califa mas sus súplicas no fueron atendidas y tras quedarse sin agua y sin víveres, los supervivientes pactaron en honrosas condiciones la entrega de la fortaleza a los cristianos. Los resistentes consiguieron frenar el avance de los cruzados y se presentaron exhaustos en los campamentos del califa. Sus compatriotas andalusíes los recibieron como los héroes que eran; sin embargo al-Nasir, instigado por las mentiras de su visir Abú Sa´id ben Jam’i, les acusó de haber entregado la fortaleza al enemigo, de pactar con él a cambio de sus vidas, de cobardía y de traición y, ante los espantados ojos de todo el ejército califal, ordenó la ejecución de aquellos desdichados y valientes hombres. Aquel atropello no fue olvidado por los emires y capitanes andalusíes cuyas descontentas tropas clamaban justicia y venganza. El momento del desquite llegó el día 15 de Safar del año 609 de la Héjira; el lugar, las Navas de Tolosa en la batalla de Hisn al-Iqab. Cuando más se necesitaba el concurso de las tropas andalusíes, en un punto crucial de la batalla en que el más mínimo detalle podía decantar la victoria, ellos se retiraron del combate.
En ese momento el ejército cristiano comenzó a ganar terreno, a ganar empuje y a tomar ventaja. Los musulmanes comenzaron a ser desbordados y derrotados por todos los flancos y comenzaron a huir en desbandada.
 Podría ser aquí, en medio de tamaño desastre, en medio de aquel derrotado ejército en retirada un buen lugar donde comenzar esta segunda novela. He querido pues comenzar la historia donde terminó la otra, pero de un modo bien diferente, no es por tanto una continuación o segunda parte del primero, sino cómo pudo ser la vida de uno de los personajes, para mí, más entrañables y humanos del primer libro narrada por él mismo, narrada en propia boca  por…


Concluir que espero poder tener pronto en mis manos esos libros calentitos, gorgoriteando de letras dentro deseando salir y ser leídas. Creo que esto será a finales de este mes o principios del siguiente. De todos modos cuando vaya teniendo fechas fijas, lo haré saber.

Un saludo

jueves, 12 de mayo de 2011

CURIOSIDADES MEDIEVALES III EL FUERO DE SEPÚLVEDA (I)

¡¡¡Estoy hasta los güevos de que me roben!!!
 De que nos roben a todos los españoles, de que nuestro país sea una verdadera, completa, desoladora y absoluta vergüenza: Te suben la luz cuando quieren y cuanto quieren y no puedes hacer nada, te suben el gas cuando les sale de los güitos y no puedes hacer nada, lo de la gasolina ya es de ESCÁNDALO, pero tampoco puedes hacer nada, los “jueces” sueltan a violadores, a asesinos ¡¡que han matado a más de 20 personas!! Y no puedes hacer nada, la chusma arrogante e ignorante que nos dirige desde el congreso de los hijos de di puta dos, conoce que hay 5 millones de parados, 5 millones de tragedias, pero ellos no se bajan los sueldazos, ni sus cochazos, ni sus prebendas ni sus chollos… y no puedes hacer nada… Todos tenemos en mente las imágenes de los señores feudales saqueando, violando y robando a su antojo en sus feudos… sin que se pueda hacer nada…
¿Tan poco hemos cambiado en cientos de años?
Tendemos a pensar que la Edad Media era una época sin justicia, sin leyes, brutal y sin normas, en las siguientes líneas os voy a mostrar que no era así, Vamos al lío.

LOS FUEROS: A los que leáis esta palabra desde el norte, Navarra y País Vasco, os sonará bastante, pero sabed que desde hace más de mil años, los fueros regían la vida todos los castellanos y de buena parte de aragoneses y Leoneses. Fueros como el de Jaca, Benavente, León o Logroño, reglamentaban el día a día de villas y aldeas con una completa serie de normas, leyes, reglamentaciones, deberes y derechos que una determinada villa se daba a sí misma y era refrendada por el rey, también este concedía privilegios a la villa que se recogían en su fuero.
Entre los más importantes de estos fueros está el famoso FUERO DE SEPÚLVEDA,  cuyas normas son tan completas, que a medida que la reconquista iba avanzando, se fue implantado en otros territorios.

    Existe un fuero abreviado y un fuero extenso. Decir como curiosidad que dos sentencias del Tribunal Supremo de finales del siglo XIX recogidas en un reciente estudio del historiador y cronista de la villa, Antonio Linage Conde, demuestran que el Fuero Extenso todavía se aplicaba en algunos asuntos legales en provincias como Cuenca o Soria. De entre las más de 255 “leyes” que componen el fuero, os voy a dejar aquí reflejadas algunas de las que me han parecido más curiosas, ya sean por ser increíblemente actuales, sorprendentes, geniales, buenísimas, o por dibujar con delicioso detalle la vida cotidiana hace más de mil años.

-Del forastero que cace o corte madera en el término de Sepúlveda: Si un vecino de aquesta villa encontrare en su término a un forastero cazando con aves, perros, redes o ballesta; o pescando; o cortando madera o llevándose leña, sal, hierro u otro metal; o cogiendo azores, deténgalo sin ninguna responsabilidad y que esté preso hasta que cumpla la pena. (Ley esta para que no vengan de fuera a quitarnos lo nuestro)

-Si un hidalgo u otra persona actuare con violencia en el término de Sepúlveda o cogiere alguna cosa: Si un rico hombre o caballero realizare actos de violencia en el término de Sepúlveda, el que le hiriere o matare a consecuencia de ello no tendrá que pagar nada. (No siempre los “ricos” se podían salir con la suya)


-Que todos los pobladores que se establezcan en Sepúlveda, tengan el mesmo Fuero:  Todos los ricos hombres, los condes, los gobernadores que están por bajo de aquestos, los caballeros e los infanzones, de mi reino u otro, que vayan a establecerse a Sepúlveda, estén sujetos a las mesmas multas que los demás vecinos, tanto en caso de muerte como en los demás. (Lo mismo para todos. Aquello de que todos somos iguales ante la ley no es de ahora, es más, hoy día como se suele decir, todos somos iguales ante la ley, lo que pasa es que unos son más iguales que otros)

-Que ningún vecino tenga responsabilidades por sus actos anteriores al poblamiento de Sepúlveda: Concedo este privilegio a los pobladores de Sepúlveda: Que todos ellos, ya sean cristianos, moros, judíos, libres o siervos, estarán seguros… (Medida esta para atraer gente a una tierra en plena repoblación, como cantan los legionarios: cada uno será lo que quiera, nada importa tu vida anterior)


-Del forastero que matare a un hombre de Sepúlveda: El hombre de otra villa que cometiere homicidio en Sepúlveda, será tirado por las peñas o ahorcado, sin que se pueda acoger a asilo de iglesia, palacio o monasterio, aunque el muerto fuere su enemigo declarado antes o después del poblamiento de Sepúlveda (Medida para proteger a los del pueblo frente a los de fuera)

-De las ferias: Para prosperidad y prestigio de la villa, os concedo dos ferias, una ocho días antes de Quincuagésima y otra, ocho días después. Y el que vaya a estas ferias, ya sea cristiano, moro o judío, irá seguro. Y el que le hiciere daño o le molestare, pagará mil maravedíes al Rey y el doble del perjuicio al demandante. Y si fuere insolvente, que le ahorquen. Al que matare le enterrarán vivo debajo del muerto y al que causare lesiones le cortarán la mano. El que robare alguna cosa pagará mil maravedíes de multa al Rey si fuere insolvente le tirarán por las peñas. Y también tirarán por las peñas al que hurtare. (Lo de tirar a la peña por las peñas ya es bueno, pero lo de enterrarles vivos debajo de los muertos, es “supertruculento” y genial)

-Que nadie de bienes inmuebles a los frailes: Además mando que nadie tenga derecho a vender o donar a los frailes bienes raíces, porque lo mesmo que a ellos, habiendo dejado el mundo, su Orden les prohíbe venderos y donaros heredades a vosotros, os ordeno a vosotros no venderles ni donarles nada a ellos. (buenísimo este también: como ellos no dan “na” que ndie tampoco les dé)

-Del judio que lesionare a un moro: El judío que lesionare a un moro, pagará diez maravedíes, si se lo probare con dos judíos y un moro o contres judíos y si no tuviera esta prueba o testigos de vista, quedará libre por su juramento y se apartará de él. Y si le matare, declarando ser ello cierto los alcaldes y jurados, de común acuerdo y bajo juramento, pagará cien maravedíes y será declarado enemigo de sus parientes para siempre. Y si no tuviera con qué pagar los cien maravedíes, lo despeñarán por ello. (La típica convivencia de la España de las  3 culturas)

-Del que apedreare casas: El que apedreare una casa de noche pagará diez maravedíes, a no ser que se salve con el testimonio de doce, a saber: cinco parientes y él el sexto y seis vecinos y si no tuviere parientes once vecinos y él el duodécimo, de manera que si cumple así no pagará nada. Y si las casas fueren de caballero, o de escudero, o de señora, además de la multa pagará quinientos sueldos. (Curiosa costumbre esa de apedrear casas, ahora queman cajeros, contenedores, incluso lamentable y recientemente coches… gilipollas ha habido en todas las épocas de la humanidad)

-De las heridas: El que hiriere a otro con un hierro, o con un palo, o con una piedra, o con cualquier otra arma que cause hematomas, pagará cinco maravedíes. Y si le hiriere en la cara, en la parte cubierta por el pelo pagará diez maravedíes, y si no tuviere con qué pagar, que le corten la mano. Y si le pudiere probar, aunque él lo negare, que le salieron de la cabeza hasta seis huesos, pagará cinco sueldos por cada uno de ellos, además de la multa (buenísmo eso de concretar el nº de huesos que le salen de la cabeza)

Del que mesare la barba a otro: El que agarrare la barba ajena, o la mesare, pagará cinco maravedíes si lo reconociera, o si habiéndolo negado, le fuere probado con tres hombres buenos presentará en escarmiento su misma barba. Y si no tuviere barba, le cortarán una pulgada en la parte donde las barbas nacen y quedará por enemigo en deshonra para siempre. (Simplemente genial)

Del caballero o el escudero que hiciere mal: Si un caballero o escudero de Sepúlveda cometiere alguna fechoría y no diere fiadores para repararla, el rey le echará de la tierra y sus bienes quedarán a merced del mesmo rey, mas la mujer no perderá nada de su patrimonio por ninguna fechoría de su marido. (Su tu marido es un notas tú no tienes por qué pagar por él, me parece una ley muy justa)

Del moro o judío que encontraren con cristiana: Y cualquier moro o judío que encontraren con cristiana, será tirado por las peñas y ella será quemada. (Uffff… esta es MUY fuerte, no obstante es otro ejemplo de la convivencia en la España de las 3 culturas y la armonía feliz en que vivían)

Algunas obligaciones de los judíos: Los judíos no prestarán a un interés superior al cincuenta por ciento anual y si lo hicieran y se lo pudieren probar, devolverán el doble.
            Y los judíos están obligados a dar la pimienta para la fiesta de Navidad en compensación a la concesión que el concejo les hizo de ser enterrados intramuros de la Villa y si no la dieren se les obligará a ello y además pagarán al concejo cien maravedíes (…¡¡¡al loro prestar al 50%!!! Cuantos banqueros de hoy querrían haber vivido en aquellos tiempos, bueno supongo que todos)

Del ladrón sorprendido con el cuerpo del delito: todo hombre que tuviere fama de ladrón y fuere cogido con la cosa hurtada, será ahorcado por ello. (Y a tomar por culo. Nos faltarían hoy árboles para colgar políticos que ni siquiera dimiten aunque les pillen con “to la tostá” )

Del que matare a un proscrito: Cualquier hombre que matare a un proscrito no pagará nada por él (Se me vienen a la cabeza un par de proscritos, uno que debe andar por Irlanda y otro que acaba de soltar la “justicia” española…)

Del que matare peces en el río: quien matare con hierbas peces en el río, si se lo pudieren probar pagará cinco maravedíes. (Y nosotros hoy creemos que hemos inventado la protección a la naturaleza)

Del que matare a un perro: Todo hombre que matare a un perro de los que quitan carne a los lobos pagará un maravedí. Además el que matare a un podenco, un sabueso, un alano o un galgo pagará cinco maravedís (Esta sería muy buena hoy para todos los listillos que abandonan a los perros u otras mascotas cuando se cansan de ellos)

Del que descolgare a un ahorcado: Quien descolgare a un ahorcado, a no ser que haya mandamiento de las justicias, pagará cinco maravedíes. (… sin comentarios)

Del que hiriere a caballo o rocín: Aquel que lesionare a un caballo, a un rocín, a un mulo o a una mula,  de manera que no puedan prestar servicio a su amo, pagará dos sueldos y tres almudes de cebada por cada día que pase hasta su curación. Y si se tratare de un buey no pagará más de diez y ocho dineros, y si de un asno un sueldo y un almudejo de cebada. (Otra de protección a los animales)

De los hornos de cocer el pan: El hornero deberá calentar el horno y meter el pan y sacarlo cuando estuviere hecho. Y si el hornero o la hornera no se levantaren de buena mañana a calentar el horno, pagarán el doble del perjuicio que por ello se origine. La hornera que cambiare la vez a alguna mujer, pagará cinco sueldos, la mitad para el demandante y la otra mitad para el juez. (Por si alguna se quería colar y la hornera la colaba, para que no se ándase con el bolo colgando)

Que por daños, nadie deje a un pastor en cueros: A pesar de que mando al guarda y al dueño de las mieses que tomen prendas a los que hagan daño, también prohíbo que ni el guardián ni ninguna otra persona dejen a nadie desnudo, porque cualquiera que lo hiciere pagará cinco maravedíes. (Esta también es genial)

Del guarda de las viñas: El viñador que haya de guardar las viñas deberá guardar fidelidad y guardarlas bien, desde el día que entre a hacerlo hasta la vendimia. (Si es que antes había trabajo a punta pala… guardar viñas)

Del que cogiere uvas verdes: El que cogiere uvas sin madurar, pagará un maravedí, lo mismo si es cristiano que judío. (Hala y ya está, la misma justicia para todos)

Del que echare agua a otro: El que echare agua a un hombre o le escupiere por la ventana, pagará diez maravedíes (¡¡Por guarro!!)

Del que hiciere de vientre en puerta ajena: El que hiciere de vientre en puerta ajena pagará dos maravedíes (Lo curioso de esta norma, es que si está legislada ¡¡la gente lo hacía!!…ahora mean en los portales… bueno y en todos los lados los sábados por la noche)

Del que echare cuernos o huesos obre casa ajena: El que echare cuernos o huesos obre casa ajena o los pusiese a las puertas pagará cinco maravedíes. Lo cual se dispone para quienes no se atreven a injuriar a un hombre de palabras sino de esas maneras. (Esta me encanta, para los que no tienen huevos a llamar a un tío cornudo a la cara ¡¡Multa!! Te jodes y pagas los 5 maravedíes, por cobarde.

Bueno, estoy preparando otra recua de estas curiosísimas leyes. Que espero poder poner en el blog pronto… ahora ando “liao” en otros menesteres. Espero que hayáis disfrutado en esta primera entrega con el detalle en que están descritas las leyes, las curiosas costumbres de nuestros antepasados y los ejemplares castigos que daban. Muchos hoy día se lo pensarían si alguna de estas leyes siguiese en vigor.